El martes me llegó un audio de once segundos. Una clienta que lleva cuatro semanas entrenando sin fallar y registrando todo lo que come.
“Andy, es que ya no me da la vida con el registro.”
Lo primero que se me vino a la cabeza no fue: por qué dejó de hacerlo, SI NO por qué duró cuatro semanas.
A lo que vinimos, vamos.
Aguantó porque estaba motivada.
Las primeras semanas de cualquier plan tienes energía nueva, el compromiso recién estrenado, esa sensación de “esto sí va en serio” que hace que abrir The Andy Lab app cuatro veces al día, buscar cada alimento, pesar y registrar no se sienta como el esfuerzo que realmente es.
Piénsalo como una subvención. La motivación de las primeras semanas subvenciona el coste del comportamiento, por eso sientes que no pagas el precio completo. Pero cuando la motivación se reduce, el coste real aparece y lo que hacías durante un mes ahora se siente imposible.
Tu amiga que empezó a correr en enero y en febrero estaba viendo Netflix con las zapatillas puestas pasó por exactamente lo mismo.
Yo he pasado por ahí también, pero con todavía más fricción.
Cuando decidí aprender a comer, no tenía una app tan maravillosa como la mía, diseñada para que fuera fácil, como tienen mis clientas ahora. Yo registraba en Excel, con toda la fricción, todo el coste cognitivo en bruto. Ya no registro lo que como salvo que necesite ser muy específica con algo, y no necesito ser muy específica los trescientos sesenta y cinco días del año.
Antes de que pienses “yo no necesito monitorear lo que como”.
Sí, Susan, si necesitas, porque la realidad es que no sabemos comer. Y no tiene nada que ver con ser delgada o no. El exceso de grasa te lo da comer más calorías. Aprender a comer requiere darle a tu cuerpo los macros que necesita.
Volvemos a mi historia.
Lo que hizo que pudiera stick with it no fue más disciplina ni más ganas, fue reducir el coste del comportamiento hasta que no necesitara subvención para llevarlo a cabo.
Traduzco: estandaricé lo que comía. Identifiqué comidas repetibles, las dejé fijas a lo largo de la semana, y de repente ya no estaba decidiendo qué comer ni calculando cantidades desde cero cada vez. La parte del registro que realmente costaba no era registrar, era decidir qué registrar.
Mis clientas ahora lo tienen más fácil porque la app les permite copiar la comida del día anterior con un clic: si comen lo mismo el martes que el lunes, no buscan, no toman decisiones a las siete de la mañana con medio cerebro funcionando. Un clic. Hecho. Pero el principio es el mismo con app o sin ella: si el coste baja lo suficiente, el comportamiento sobrevive sin motivación.
Eso es diseñar un sistema. Si quieres algo, ese algo tiene un precio, y si no estás dispuesta a pagarlo todos los días sin subvención, necesitas hacer que el precio baje. No hay otra.
De ahora en adelante, antes de culparte por dejar de hacer algo, hazte dos preguntas.
¿La motivación estaba tapando un coste que siempre fue alto?
Si sí, haz la versión más pequeña que sobreviva sin motivación. Puede ser registrar solo la proteína, que es lo primero que hay que proteger porque las mujeres tendemos a comer menos de lo que necesitamos.
¿Hay un momento de tu día que ya existe al que puedas añadirle lo nuevo?
Si no, estás dependiendo de tu memoria, y tu memoria depende de tu motivación, y ya sabemos cómo acaba eso.
No te culpes por dejar de hacer algo que costaba más de lo que parecía. Diseña el sistema para que el coste sea tan bajo que no necesite subvención.





Eres la caña y se nota que estás a tope, gracias.
Me encanta este enfoque! No dices "motívate" sino "póntelo fácil", mucho más realista e inteligente 🙌🏼💪🏼 comparto ❤️